Cómo usar los emojis en los contenidos de tu negocio

Hace rato que incorporamos los emojis a nuestra comunicación por redes sociales.

Tal vez lo raro sea ver un texto completamente libre de ellos.

Han cobrado tanta relevancia que los teléfonos celulares ya los traen por defecto en sus sistemas.

Pero ¿hasta qué punto es adecuado su uso, especialmente en contenidos de una empresa? Eso es lo que trataré de explicarte en este artículo.

Emojis y emoticonos

Primero, voy a hacer una aclaración.

Los emojis (también llamados emoyis, como adaptación de su pronunciación al español), son esos símbolos de colores que permiten expresar una emoción o un pensamiento prescindiendo de muchas palabras.

El emoji es distinto a un emoticono, pues el segundo está formado por signos ortográficos, por ejemplo, la clásica carita feliz :), mientras que esta “evolucionada” carita 😊 es un emoji. Y, realmente, el emoji fue un perfeccionamiento de los emoticonos, tanto, que podemos encontrar decenas de ellos para comunicar prácticamente cualquier cosa.

A favor y en contra

Aunque parezca trivial, el uso de estos simpáticos caracteres se torna polémico.

Investigando para escribir este artículo, me encontré con opiniones a favor y en contra.

Fernando Puentes Wasaff, un usuario de Quora (sitio web de preguntas y respuestas), dice: “Siento que los emoticones son como las groserías. Usadas esporádica y prudentemente y en un contexto preciso, pues están bien. Abusar de ellas molesta y altera el sentido de la comunicación”.

Por otra parte, la usuaria Yeseni Lorenza opina en esta misma web que usa muchos emojis porque es la manera en que la otra persona puede entender correctamente el mensaje, sobre todo si no existe tanta confianza.

¿Y qué piensan profesionales de la redacción como los copywriters? En una publicación que compartí en LinkedIn, algunos me dijeron que un buen copywriter no necesita insertar emojis, mientras que otros comentaron que solo los utilizan para “clasificar ítems”.

Entonces, ¿es bueno o no usarlos?

Con los puntos a favor y en contra, busquemos una solución a este embrollo.

Lo primero que debes hacer es situarte en el contexto. Tal como te comenté al principio, este artículo trata del uso de estos símbolos en las comunicaciones digitales de una empresa, que bien pueden ser publicaciones en redes sociales, artículos en un blog, emails, etc. Sin embargo, no debes olvidar el tipo de negocio y el público al que te diriges.

Imagina una publicación de una firma de abogados llena de emojis. Eso se vería poco serio, ¿no crees? De todo hay en la viña del Señor, ciertamente, pero en el mundo del derecho el lenguaje suele ser más formal.

Lo opuesto sería un post de una tienda de artesanías, por ejemplo. En ese caso, un uso más relajado de los emojis no desentonaría tanto.

Otra cosa que debes cuidar es el uso excesivo, pues los textos lucen recargados y pueden dificultar la lectura.

Recuerda también seguir las normas ortográficas para el uso correcto de los emojis, y asegúrate de que el público al que te diriges entienda su significado.

Ese último punto es interesante, porque todo depende del contexto cultural y generacional.

Para una muestra de lo que digo, lo expuesto en «Adolescencia», la aclamada serie de 2025, en donde se destapa el lenguaje secreto de la cultura incel. Cada emoji tiene un significado oculto para los ajenos a ese mundo y pone en evidencia la brecha entre generaciones.

Mi consejo es que tengas una selección de emojis para las cuentas de redes sociales que gestionas. Podrías contemplarlo en un manual de estilo, de manera que mantengas estos elementos de la comunicación alineados con la marca.

Como ves, el tema parece sencillo, pero tiene sus aristas.

¿Qué ideas añadirías tú? ¿Cómo usas los emojis en los contenidos de tu negocio?

Por Moisés G. Hernández

📅 Artículo actualizado el 16/07/2025

Atención al cliente en redes sociales: ¿mejor manejarla interna o externamente?

Por Moisés G. Hernández

Una de las tareas del community manager es gestionar la atención al cliente en redes sociales.

Pero, ¿qué pasa cuando el manejo de redes sociales es externo, bien sea a través de una agencia de marketing digital o un freelancer? ¿Es correcto delegar esta tarea en un profesional ajeno a la empresa?

En este artículo quiero darte mi punto de vista basándome en mi experiencia tanto como gestor de comunidades que ha trabajado dentro de una empresa, como de responsable de coordinar a un proveedor de estos servicios.

Atender a los clientes desde la empresa

Nadie conoce mejor su negocio que el propio dueño.

Por eso, el contacto con el público desde el interior de una empresa siempre será ventajoso por las siguientes razones:

  • El profesional o los profesionales a cargo de esta tarea manejan la cultura interna y esta corre por sus venas. Esa cultura se expresa en las comunicaciones que se hacen en todos los activos digitales de la organización.
  • Ellos, mejor que nadie, están familiarizados con el producto o servicio que se ofrece al público.

Sin embargo, no siempre es posible atender a los clientes desde la empresa.

Algunas de las razones pueden ser las siguientes:

  • Falta de personal para esa tarea.
  • No disponibilidad de tiempo (especialmente si el negocio es pequeño y es atendido por su propio dueño).
  • Alto flujo de mensajes de los clientes.
  • Desconocimiento del manejo de las redes sociales.

Es en este punto cuando debe considerarse la contratación de personal externo para esta gestión.

Buscar un proveedor para este servicio

Un community manager externo sería la solución para manejar el contacto con los clientes, esto en el caso de que por los motivos anteriores la empresa no pueda llevar a cabo este proceso.

Es una gran ventaja, pues libera al negocio de la carga que genera esta gestión (aunque, como dice el refrán, “el que tiene tienda, que la atienda”).

No obstante, no todo es color de rosa. No se trata de contratar el servicio y dejar a criterio del proveedor la atención al cliente.

Si en el apartado anterior decía que una de las ventajas de relacionarse con los clientes desde el interior de la empresa es el conocimiento profundo del negocio, esto se transforma en desventaja cuando se entrega esta tarea a un personal externo.

Hace unos años, en la época medieval si lo traduzco al tiempo de Internet, me tocó coordinar a un proveedor que le prestaba servicios de community management a la empresa donde yo trabajaba. La tarea era ardua y, a veces, frustrante.

Aun cuando existía un manual de cultura corporativa, el desconocimiento de los procesos internos y la alta rotación del personal de la agencia hacían que la atención al cliente no fuera óptima. Lo que decidimos entonces fue que yo me hiciera cargo de esa parte y la agencia de la creación de los contenidos en redes sociales.

No es que sea imposible, pero es necesario un entrenamiento profundo del proveedor, y no siempre se cuenta con el tiempo ni el presupuesto para llevarlo a cabo.

“Invasión” de chatbots

Afortunadamente, gracias a los avances de la inteligencia artificial, la atención al cliente por los canales digitales se ha simplificado.

Cada vez es más común el uso de estos robots que comprenden las consultas de los clientes y establecen un diálogo similar al de un humano.

Lo maravilloso de todo esto es que no es necesario desarrollar un software especial: al momento de escribir este artículo, existe una amplia variedad de chatbots que se integran a WhatsApp, la aplicación de mensajería más usada del mundo.

Messenger, otra plataforma de Meta, también puede emplearse como canal de atención automatizada.

Estos sistemas se pueden configurar al gusto del negocio.

Sin embargo, no hay que olvidar que, en algún punto de la conversación, el cliente exigirá ser atendido por un humano por un caso complejo que el bot no puede abordar (a mí me frustra navegar en un menú automatizado sin encontrar la respuesta exacta a mi requerimiento). Para situaciones como estas, el negocio deberá definir quién se hará cargo: ¿personal interno o externo?

Por otra parte, ¿podría un negocio muy pequeño permitirse el pago de estos sistemas? No dudo que los precios bajarán mucho más a medida que se popularice la tecnología.

Conclusión

La atención al cliente en redes sociales no debe ser tomada a la ligera.

A raíz de la pandemia de la COVID-19, todos queremos ser atendidos en el menor tiempo posible. Nos hemos convertido en seres muy impacientes.

Por lo tanto, los pequeños y medianos negocios, esos que no tienen una gran plantilla de personal o amplios presupuestos, deben definir la mejor estrategia de acuerdo con sus recursos.

Todos los activos digitales de una empresa son canales de comunicación. Una mala gestión de la atención al cliente repercute en su imagen.

Cuando te dicen que tu web no está disponible en otros países

Al contratar un servicio de hosting, lo menos que te esperas es que tu web no esté disponible fuera de tu país. Das por sentado que el sitio web se ve en cualquier parte del mundo. Al fin y al cabo, Internet es mundial, ¿no?

Pero eso fue precisamente lo que ocurrió con una web que tengo a cargo.

Confiado en el servicio de hosting contratado, no tenía la menor idea de que la web estaba caída en la mayor parte del mundo.

Me enteré por mera casualidad, en un momento en que se necesitaba mostrar un proyecto que se había lanzado hacía poco. Entonces, en medio de la situación embarazosa, porque varias personas fuera del país habían informado que no podían acceder, me puse a investigar qué estaba pasando.

Comprobar la disponibilidad de una web fuera de tu país

Lo bueno de todo es que no era una situación nueva. Ya otras personas habían vivido lo mismo. Me lo decía Google. 

Así, encontré un artículo que mostraba varias herramientas para comprobar la disponibilidad de una web en otros países.

De todas las aplicaciones sugeridas probé tres, y confirmé el problema. No sabía exactamente qué había ocurrido, pero en la pantalla se mostraba el error. En varios lugares del mundo la web había desaparecido.

Las herramientas que usé fueron Host-Tracker, GeoPeeker y Uptrends

Aunque, lamentablemente, si estás en Latinoamérica estas herramientas te muestran apenas una o dos ciudades de la región (São Paulo y Buenos Aires), esto es suficiente para indicar que algo malo está ocurriendo.

Ya constatada la situación, me comuniqué con el servicio de hosting. 

Me defiendo con el tema del hospedaje web, pero no soy experto en las profundidades técnicas. Sin embargo, la respuesta de la empresa fue vaga. Sí, resolvieron el problema, en el transcurso de 24 horas, argumentando un asunto de “cobertura internacional”, pero esto me pareció absurdo. ¿Cómo pudo ocurrir? El uso del dominio local .cl tampoco explicaba que las webs no se vieran en el exterior.

La gente de este servicio ni siquiera se disculpó por lo ocurrido. Se limitaron a responder un correo en el que esbozaron la solución y el tiempo de finalización del proceso.

Esto me lleva al siguiente punto: lo importante que es elegir un buen servicio de hosting.

Escoge con cuidado tu servicio de hosting

Escoger una empresa de hosting no es sencillo.

Se deben considerar distintas variables, como, por ejemplo, precios, soporte, capacidad de almacenamiento, cantidad de cuentas de correo que se ofrecen, memoria, incluso si el servicio es óptimo para páginas hechas en WordPress (me enteré por este podcast que esto es clave).

Además de consultar a expertos, una de las cosas que se puede hacer es buscar a través de Google las opiniones sobre los servicios de hospedaje web que estés considerando. A propósito, en Website Planet, un sitio que conseguí mientras preparaba este artículo, hay muchas reseñas sobre empresas del sector. Hazlo también en redes sociales como Twitter, especialmente si estas empresas tienen presencia allí, pues podrás ver los reclamos de clientes insatisfechos.

En resumen: monitorea de vez en cuando, solo por curiosidad, tu web fuera del país donde te encuentras, usando las herramientas que te recomendé, y escoge con inteligencia tu servicio de hosting, sin dejarte llevar por sus precios o publicidad.